Un tesoro de Córdoba: el salmorejo.

Quienes me conocen saben que me encanta el tomate en todas sus variantes y preparado de cualquier forma. Comerse un tomate jugoso, partido por la mitad y con un pizco de sal... ¡Cosa rica!. Por ello, hoy he decidido enseñarles un plato que me gusta muchísimo y que, en verano, apetece por lo fresquito y vitamínico que es. Y este plato es el salmorejo.

El salmorejo es un plato de origen humilde, probablemente introducido en el recetario cordobés en el siglo XVII, una vez se aceptó que el tomate podía considerarse un alimento apto para el consumo humano.
El salmorejo es una sopa fría, de consistencia cremosa, basada en el tomate, el pan, el ajo, la sal y el aceite de oliva. Estos ingredientes son la base del salmorejo clásico cordobés. No obstante, actualmente se acepta también las versiones que introducen el pimiento verde y el vinagre.
A diferencia del gazpacho, de textura bastante más líquida (por la incorporación de agua y algo más de vinagre, así como por la menor cantidad de pan), el salmorejo es bastante espeso. Se le suele acompañar de una picada de huevo duro o incluso de un buen jamón serrano.
Aquí les dejo el que yo preparo... Espero que les guste.

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