Y de temporada... ¡higos!

El higo, cuyo nombre científico es “Ficus Carica”, es una fruta mediterránea muy apreciada desde la antigüedad, especialmente en Grecia, donde se consideraba la fruta de los filósofos.

Septiembre es el mes en que nuestras higueras se llenan de higos maduros y listos para comer. Da gusto sentarse bajo una higuera y comerse los higos a medida que se van cogiendo. ¡Qué ricos!.



Podemos comer los higos frescos, en cuyo caso tienen un 80% de agua y un 12% de azúcar; o secos, aumentando proporcionalmente el azúcar y disminuyendo la cantidad de agua.


El higo maduro es muy digestivo porque contiene una sustancia especial llamada Cradina.También contiene pentosanas y ácido cítrico, málico y acético. Posee muchos azúcares buenísimos, es pobre en grasas y en proteínas, pero rico en agua, vitaminas, minerales y fibra.
Este fruto es perfecto para quienes realizan fuertes esfuerzos intelectuales o físicos y es especialmente recomendable para adolescentes y mujeres embarazadas.
Hay higueras cultivadas que producen dos cosechas: una de brevas en primavera, de mayor tamaño, y otra de higos en otoño.

Los higos son un estupendo postre, pero también podemos comerlos acompañando carnes como la del cerdo, el pavo, el pollo o el conejo; frescos, confitados o incluso en estupendas salsas. Pero... ¿qué hacer cuando tenemos mucha cantidad de esta dulce fruta?. Pues podemos hacer conservas de higos en almíbar, confituras, mermeladas, salsas, etc.
Y algunas personas se preguntarán... ¿Cómo hago una mermelada?. Bien fácil... Necesito los siguientes ingredientes:
- 1.700 g de higos ya pelados
- 1.000 g de azúcar blanquilla
- 1,5 vasos de agua
- la corteza entera y bien limpia de un limón
- 1 palito de canela
Y ahora... ¿qué?.
1º) Cortar los higos en mitades, mezclarlos con el azúcar y dejarlos que maceren durante 1 hora más o menos.
2º) Poner los higos y el azúcar a fuego bajo durante 15 minutos, removiendo constantemente. Añadir el agua, la corteza de limón y el palito de canela, remover y dejar cocer a fuego bajo durante 1 hora. Apagar el fuego y dejar enfriar. Volver a cocer durante 40 minutos más y volver a apagar. Dejar enfriar. Retirar la corteza de limón y la canela, pasar la batidora y cocer 30 minutos más. Si no gustan las semillitas, se puede colar; pero son buenísimas para la salud y la digestión y dan el toque a la mermelada, así que yo no se las he quitado. La mermelada ha de quedar traslúcida, con un bonito tono rojizo.
3º) Cuando haya entibiado, rellenar con ella, y hasta el borde, tarros herméticos de cristal previamente esterilizados. Cubrir con papel de hornear humedecidos de alguna clase de alcohol (yo puse un orujo que soy incapaz de tomarme) y cerrar fuertemente con la tapa de rosca. Tiene que apretarse bien fuerte, pues estos tarros de cristal deben ponerse a hervir en agua durante 15 minutos. Dejar que enfríen los tarros en la propia agua. Luego sacarlos y dejarlos secar a temperatura ambiente. De esta manera, se pueden almacenar fuera de la nevera, en un sitio seco y en donde no haga excesivo calor (una despensa, alacena, etc.).
¿Se atreven o no?.

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