Bizcocho de cacao relleno de albaricoque y con glaseado de limón

Una experiencia religiosa... Esto sí que es una experiencia religiosa y no lo que cantaba Enrique Iglesias hace unos años. O... ¿les parece que no?.
Nunca me había atrevido con los glaseados, pero reconozco que, poco a poco, le voy perdiendo el miedo a las cosas que, en apariencia pudieran parecer más complicadas para una novata en repostería como soy yo. Pero, me armé de valor y la preparé para el cumpleaños de una amiga que es muy golosa. Creo que fue un éxito y, sobre todo, que a la cumpleañera le gustó.
El bizcocho quedó impresionante: esponjoso y suave; jugoso y sabroso... Con el toque justo de cacao amargo que debía contrarrestar el dulzor del glaseado de limón. El relleno fue delicado: una trasparente jalea de albaricoque con sus trocitos que me regaló un amigo para mis experimentos culinarios. Para dar el punto final, un maravilloso y suave glaseado de limón no apto para cardíacos.
INGREDIENTES:
A) Para el bizcocho: (el vaso de yogurt es la medida)
- 1 yogurt natural sin azucarar
- 3 huevos
- 3 vasitos de harina de repostería
- 1/2 vaso de aceite de girasol
- 1,5 vasos de azúcar morena
- 1 sobre de levadura en polvo
- 1 sobre de gasificante (son 2 sobrecitos pequeños)
- la ralladura de la piel de 1 limón
- el zumo de 1/2 limón
- 1 vaso de cacao amargo (en este caso ecológico, obsequio de una estupenda amiga que vive en Suecia)
B) Para el relleno
- jalea de albaricoque (también vale una mermelada, confitura o incluso compota de albaricoque)
C) Para el glaseado:
- 1 clara de huevo
- un pizco de sal
- 1,5 vasos de azúcar glass
- el zumo del otro 1/2 limón
D) Para decorar:
- conguitos
ELABORACIÓN:
1º) Preparamos la masa del bizcocho: batimos con varillas las yemas de los huevos con el azúcar y, cuando se vuelvan blanquecinas, incorporamos el zumo de limón y su ralladura, así como el aceite y seguimos batiendo. Tamizamos el cacao, la harina, la levadura y el gasificante y se la añadimos a la mezcla anterior. Removemos bien con cuchara de madera o con una espátula de silicona. En este punto, vamos a montar las 3 claras de huevo con un pizco de sal y las añadimos a la mezcla anterior, removiendo con cuidado en el sentido de las agujas del reloj. Vertemos la mezcla en una tartera desmoldable (o en el molde que más nos guste) y lo metemos en el horno precalentado durante 45 minutos a 160ºC (los primeros 30 minutos, con el calor sólo abajo y luego, calor arriba y abajo con el ventilador). Sacamos y dejamos que se enfríe bastante.
2º) Preparar el glaseado de limón: montar con las varillas la clara de huevo con un pizco de sal y, cuando esté montada, añadir el azúcar glass poco a poco y, finalmente, el zumo de limón. Continuar batiendo unos 6-7 minutos más hasta lograr la textura que se prefiera. El glaseado puede ser más o menos consistente en función del resultado perseguido, así que a más azúcar, más se endurecerá en la nevera. Reservar en la nevera unos 15 minutos.
3º) Desmoldar el bizcocho, cortarlo a la horizontal, rellenarlo con la jalea de albaricoque, taparlo y cubrirlo por completo con el glaseado. Yo usé una espátula de silicona, pero cada cual que use lo que prefiera. Hay que tener cuidado de no arrastrar demasiado de modo que evitemos despegar miguitas del bizcocho y que nos afee nuestro glaseado. Meter en la nevera al menos unas 2 horas. 
4º) Decorarlo con los conguitos.
A tener en cuenta: Si queremos obtener un glaseado duro y compacto, deberemos añadir unos 200 g de azúcar glass y batir durante un buen rato, pero sin pasarnos o romperemos la textura del glaseado. Yo quise hacer un glaseado de limón consistente, pero que no se quedase como una costra, sino algo más suave y, por ello, le puse menos azúcar glass. El toque de limón fue el contrapunto perfecto para el bizcocho de cacao relleno de albaricoque

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