Flan de huevo y la crisis en los niños

Curioso... Lo que nos pasó ayer en la playa fue muy curioso. 
Después de comer, y dado que el cielo se había despejado y la temperatura era buena, decidimos irnos a la playa. Serían las cuatro de la tarde cuando pisamos la arena de la Playa de Las Canteras, zona de la Cícer. La marea estaba aún bastante alta y, como soplaba un poco de viento, el mar estaba algo picado y, en la zona de la Cícer, eso significa olas que, sin ser grandes, sí te hacen pensar si entrar o no en el agua. 
Marc estaba colocando la sombrilla y yo me quitaba la ropa, cuando veo que un chiquillo de unos ocho años se acerca decidido hacia mí y me dice algo que no llego a entender. El ruido del mar y del viento se llevaba su voz tímida, así que me acerqué más hacia él y me agaché un poco para poder oír bien lo que decía... Marc hizo lo mismo. "A ver, mi niño, ¿qué decías que no te pude oír?". El pibito, algo retraído, con la cara gacha, movió los labios y repitió: "Señora, le preguntaba qué buscaba en esta zona de la playa; ¿quiere escuchar chistes o prefiere el pozo de los deseos?". Mientras mencionaba el pozo de los deseos se giró y señaló un hoyo en la arena que estaba custodiado por otro niño que nos observaba a lo lejos. Marc y yo, con los ojos como chernes y la boca abierta, no dábamos crédito a lo que presenciábamos... ¡Nos estaba ofreciendo servicios por los que cobrar si aceptábamos!. Con delicadeza y una sonrisa declinamos amablemente su ofrecimiento y el niño volvió con su socio de negocios... Al cabo de un rato volvimos a verle intentando venderle la moto a dos chicas jóvenes y, más tarde, a otra pareja.
Era un chiquillo normal y corriente, aunque con una cara preciosa. Bronceado por la costumbre de venir cada tarde a la playa; el pelillo cortado al modo de Tintín; delgado como una culebrilla y con mucho desparpajo. Nada en él era distinto de cualquier otro niño y, sin embargo, se dirigió a nosotros para hacer negocio. Me impresionó sobremanera contemplar una situación tan estrambótica, en la que un niño, consciente de la crisis que le rodea y de la que no para de oír hablar, decide que tiene que ganarse los garbanzos para sobrevivir. ¿No les saca a ustedes los colores?. A mí, sí. Me acongoja pensar en qué podemos estar transmitiendo a las generaciones venideras. Mi sobrino, loco del rap, inconformista de doce años, de melena rubia poblada de rizos, me preguntó el otro día qué era exactamente una hipoteca. ¡Una hipoteca!. Hugo, así se llama mi sobrino, pensaba que todas las casas venían con una hipoteca a cuestas y que formaba parte indivisible de cada casa. Menudo tema de conversación con un pibito de doce años. ¡Quién les ha visto y quién les ve!. La crisis está afectando incluso a los menores que ahora se sienten con la necesidad de "hacer algo" para ayudar a sus progenitores. 
Y, en tiempos de crisis, es bueno hacer cosas sencillas, pero que, a la vez, nos satisfagan. Un capricho dulce, por ejemplo, ayuda bastante a poner buena cara al mal tiempo. Por ello, hoy les muestro un flan de huevo simple y sin artificios. Sólo huevos, leche y azúcar... 
INGREDIENTES (6 raciones)
- 6 huevos grandes
- 1 vaso de leche desnatada (250 ml)
- 6 cucharadas grandes de azúcar (1 por cada huevo) para el flan
- 2 cucharadas grandes de azúcar para el caramelo
ELABORACIÓN:
1º) Caramelizar el molde (en el horno o haciendo el caramelo en una sartén y vertiéndolo luego en el molde) con las 2 cucharadas de azúcar. Debe recubrir bien todas las paredes.
2º) Mezclar los huevos y las 6 cucharadas de azúcar y batir.
3º) Añadir la leche y mezclar bien.
4º) Verter con cuidado la mezcla en el molde caramelizado ya frío y hacer al baño maría en el horno a 170ºC durante 45 minutos o hasta que la mezcla haya solidificado (dependerá del tamaño del molde).
5º) Sacar del horno, dejar enfriar, desmoldar y llevar a la nevera hasta que vaya a servirse.
A tener en cuenta:
- Este flan tiene un maravilloso sabor a huevo y mayor consistencia que la mayoría de los flanes que llevan bastante más leche. No es nada empalagoso y, con él, cubrimos la necesidad diaria de proteínas, así que, anímense a preparar un buen flan. 
- Dicen que si hacemos el flan al baño maría a una temperatura en la que el agua del baño no hierva en ningún momento, nos aseguramos de que el flan no tenga agujeritos. A mí, personalmente, no me importa que tenga agujeros, pero es cierto que queda más compacto y lo cierto es que me encanta que el flan esté durito.

Etiquetas: ,