Milanesas enrolladas con mermelada de tomate

Ayer fue tarde de coches. Sí, como lo oyen. Estuve toda una tarde mirando coches en tantos concesionarios que ya ni me acuerdo. Mis padres quieren deshacerse definitivamente de su todoterreno de casi toda la vida (qué buenísimo les ha salido) y decantarse por un utilitario pequeño, cómodo, que no consuma tanto y que contamine lo menos posible (esto lo apunto yo, porque mis padres aún no están mentalizados con este tema, a pesar de que mi hermana y yo somos bastante pesaditas con el tema ecológico). De todos los vendedores que nos atendieron, muy amables sin excepción, quiero hablarles de dos especímenes prototipo del clásico vendedor: el vendedor amante de los coches y el vendedor simpático y con acento "fino" que te cala más rápidamente que una tormenta de verano. El primero te habla de válvulas, frenos abs y llantas de aleación como si le fuera la vida en ello e inconscientes de que la mayoría de los humanos, o al menos yo, no somos expertos en mecánica de vehículos. Éste quería vendernos un coche con turbo, cuando ya le dije desde el principio que mis padres no eran Fernando Alonso en el Circuito de Bahrein, ni yo quería que lo fueran. Le gustaba a él y punto pelota. El segundo me dejó hablando sola cuando divisó a mi madre toqueteando el maletero de otro coche más caro y de un rutilante color mostaza. ¡La madre que me parió!. Sí, mi madre... Ella fue la responsable de que el vendedor gracioso y de casi 2 metros de altura se fuera derechito como una flecha hacia quien, al fin y al cabo, va a tener la decisión final de la compra. Fíjense ustedes que para descolocar a este vendedor y que dejara de hablar hasta por los codos le preguntamos si sabía dónde estaba el concesionario de Hyundai y el muy cabrito nos responde todo dicharachero: "¿Hyundai?. ¡Ya no existe!". Marc y yo con las bocas abiertas como salmones río arriba y exhalando su último aliento añadimos: "¿Y la Renault...?. ¿Sabe Vd. dónde está?". Y ni corto ni perezoso apunta: "Pero qué desfasados van ustedes... Si Renault cerró hace más de un mes.". Lo que nos pudimos reír todos los allí presentes. Sólo por cachondo le hubiéramos comprado el rutilante coche color mostaza. Pero no... Hay que seguir mirando y comparando, así que hoy o mañana, otra tarde de coches. Admito sugerencias que poder trasladarle a mis padres; aunque el rutilante coche color mostaza que prendó a mi madre ocupa la primera plaza de la parrilla de salida.
Tanto coche alentó mi vena carnívora; ésa que anda oculta casi todo el tiempo y es una simple pulsión interior. No me digan que no les pasa lo mismo después de una tarde de mirar y mirar algo que en el fondo no les interesa lo más mínimo, aunque sea útil y la segunda compra más importante después de la vivienda familiar. Pues me dio un apetito de carne que... En fin... Hoy toca carne y Marc es un poco más feliz.
INGREDIENTES:
- 2 filetes de ternera finos (tapa o babilla, lo que prefieran) por persona.
- jamón cocido 
- queso azul para untar
- pimienta negra molida
- cúrcuma
- sal
- 1 huevo
- pan rallado
- aceite de oliva para freír
- mermelada de tomate (si es casera, mejor que mejor... ya saben, tomates pelados, azúcar, algo de sal, 2 ó 3 clavos (la especia, no se les vaya a ocurrir añadir unas tachas...) y un poco de zumo de limón. A fuego lento un buen rato y lista).
ELABORACIÓN:
1º) Quitarle todos los pizquillos de grasa que queden alrededor del filete y majarlo alegremente por las dos caras con un buen martillo de cocina. 
2º) Untar el queso en cada filetito, colocar encima una loncha de jamón cocido (cortarla si fuera necesario para adaptarla al filete) y enrollar el filetito con cuidado.
3º) Mezclar el pan rallado con un poco de sal, pimienta negra y cúrcuma.
4º) Batir el huevo.
5º) Pasar cada rollito por el huevo batido y delicadamente empanarlo apretando el filetito enrollado para que el pan se fije bien.
6º) Freír en aceite que cubra completamente el rollito, sacarlo del aceite, secarlo con papel de cocina y servir estas estupendas y apetitosas milanesas enrolladas con un par de cucharadas de mermelada de tomate.
Yo he acompañado estas milanesas con una ensalada de habichuelas (judías verdes), cherries, orejones y aceitunas, aderezada con sal, comino, un buenisimo AOVE de Montilla y un pelín de vinagre balsámico. ¡De rechupete!.
A tener en cuenta:
- Es fundamental que la carne quede tierna, pero jamás seca, de modo que, al cortar, no se desmenuce el rollito. Para eso "darle una paliza" a la carne es un punto muy importante, para lo cual nos servirá un martillo de cocina y, si no tenemos, el rodillo o incluso una botella. Hay que romper la fibra de la carne para que podamos comer una milanesa tierna y deliciosa. 
- Los argentinos son los reyes de estas milanesas. Así, su milanesa a la napolitana suele ser la carne empanada cubierta de salsa de tomate casera y queso. Pero también la culminan con un par de huevos, sirviéndola acompañada de papas fritas y/o ensalada verde. Recordemos que Argentina, Uruguay y Brasil tienen unas deliciosas carnes y unos cortes distintos a los clásicos españoles. Si alguna argentina me lee, que no dude en darnos su particular versión de la milanesa, pues estaremos encantad@s de conocerla.
- Si queremos darle un punto más chic, podemos sustituir el jamón cocido por jamón serrano y el queso azul de untar por un queso de cabra; incluso, mezclar el empanado con sésamo, almendras o avellanas, para que el crujiente sea espectacular. 

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