Tarta de ciruelas (plum pie)

Adoro la fruta de verano. Morder una nectarina madura y jugosa me transporta a mundos llenos de sensualidad y hedonismo. Un melocotón carnoso es un éxtasis para mis sentidos. Una tajada de melón es una parada de postas en un camino polvoriento. El crujiente corazón de una sandía bien roja es un aire fresco en una noche de insomnio. 
Es una gran fortuna disponer de un terrenito donde poder cultivar tu propia fruta y verdura. No hay comparación posible entre la fruta que nos venden en los supermercados y la que podemos coger directamente de los árboles cuando está madura. La textura de corcho versus la textura carnosa y llena de jugos que nos rueda barbilla abajo. Lo inodoro frente a ese aroma embriagador que llena nuestras cocinas. Lo insípido contra un sabor dulce e increíble que nos hace morder con lujuria una ciruela roja bien madura. Supongo que la mayoría de nosotr@s ha experimentado esas sensaciones que describo; quizás de manera exagerada, pero es que la fruta me chifla. En ellas está el poder de seducción de la naturaleza: sus colores vibrantes; sus sabores dulces y ácidos; sus texturas suaves y carnosas; su multitud de aromas... Si a algun@ de ustedes se les han olvidado tales sensaciones, pidan el favor a algún conocido y que les dejen coger una fruta de un árbol y darle un mordisco allí mismo. Cierren los ojos y déjense llevar. ¡Coman fruta!.
En esta época veraniega, de asueto y calores, pocas cosas apetecen más que una fruta dulce y jugosa. En la finca de mis padres, los ciruelos están en plena ebullición y tenemos ciruelas negras (por dentro rojizas y anaranjadas), carnosas y deliciosas, y ciruelas amarillas, dulces y jugosas. Llega un momento en que son tantas las que hay que no damos abasto y es impensable dejarlas caer y pudrirse. En consecuencia, comemos ciruelas en cualquier momento del día. He de decir que la tarta que presentaré hoy en sociedad fue a petición de mi madre, que me pidió comer las ciruelas de "otra forma" y, viendo la cara de mi padre, me vino a la cabeza la típica tarta de frutas que hacen ingleses y americanos: una plum pie. Buena, bonita y baratísima. No tiene más ciencia que la que ven y es un dulce tan fresco y sabroso que, si pueden, no dejen de hacer. Allá voy...
INGREDIENTES:
A) Para la masa:
- 200 g de harina de repostería
- 100 g de harina integral
- 180 g de mantequilla
- 2 cucharadas colmadas de sirope de ágave
- 2 cucharaditas de vainilla en polvo
- 1/2 cucharadita de sal fina
- 2 cucharadas de agua natural (del tiempo, que no esté fría)
B) Para el relleno:
- 750 g de ciruelas (partidas en mitades, desprovistas del hueso y con su piel)
- 100 g de azúcar glass
- 1 cucharadita de vainilla en polvo
ELABORACIÓN:
A) Para hacer la masa:
1º) Tamizar las harinas y la sal.
2º) Ablandar la mantequilla, añadir el sirope y mezclar con las harinas, hasta formar una especie de arena gruesa.
3º) Incorporar el agua, mezclar rápidamente y formar una bola que guardaremos en la nevera al menos 30 minutos.
4º) Engrasar un molde con aceite y espolvorearlo de harina. Colocar la bola de masa sobre el molde y con delicadeza y cuidado, vamos aplastándola con las manos y repartiéndola por toda la superficie del molde, incluyendo las paredes. Debe quedar nivelada, con el mismo grosor (más o menos) por todas partes.
5º) Pinchar la masa para que no suba al hornearla.
B) Montar la tarta:
1º) Espolvoreamos la mitad del azúcar sobre la masa.
2º) Una vez tenemos las ciruelas lavadas, cortadas a la mitad y eliminados sus huesos, las colocamos con los cortes hacia arriba (la parte cóncava hacia abajo) y espolvoreamos el resto del azúcar glass mezclada con la vainilla en polvo.
3º) Hornear a 180ºC  unos 30 minutos.
4º) Dejar entibiar antes de servir.
A tener en cuenta:
- Pueden usar ciruelas de la clase que más les guste.
- Yo la comí tibia, acompañada de una estupenda bola de helado de vainilla que potencia el contraste de sabores, complementándose a la perfección.
- La masa es una delicia, suave y delicada. El sabor a mantequilla contrasta maravillosamente bien con las ciruelas.
- En la receta original, que saqué del blog de Larsvontrier, usaban unas cantidades que yo amplié, además de que yo no espolvorée la tarta con azúcar, añadí el sirope de ágave a la masa y reduje la temperatura a 180ºC, en vez de los 200ºC que en ese blog se mencionaba.
- La tarta es tan sencilla como parece: harina, mantequilla, azúcar y fruta. Nada más y nada menos y simplemente deliciosa. Es una forma distinta de comer fruta, especialmente para quienes no gustan demasiado de ella. 
- No olvidemos que las ciruelas son frutas con mucha azúcar y, al hornearse, se multiplican sus azúcares naturales, por lo que no es una tarta apta para diabéticos.

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