Día de Reyes en casa de mis padres

El Día de Reyes amaneció precioso en Gran Canaria. Soleado, muy despejado y tibio. Algún Rey Mago aprovechó para dejar en uno de mis zapatos, y en otro de Marc, un detallito (una navajita muy chula para cortar setas en ambos casos...). Semanas antes nos habíamos autorregalado unas chucherías para la cocina que ya verán en próximos posts. 

Había hecho el roscón de reyes la noche anterior; dejado enfriar y lo hemos rellenado esta mañana. ¡De magnífico cabello de ángel casero!. Un roscón de 2,5 kg... No, no exagero, aunque les parezca que sí. Lo pesamos una vez relleno y puedo dar fe de que, si el año pasado me quedó buenísimo, con la misma receta, pero cambiando algunas cosillas, el roscón de este año me ha quedado realmente exquisito: jugoso (fundamental), tierno y muy sabroso. La receta la subiré próximamente.
Roscón de Reyes relleno de cabello de ángel casero (la receta en la próxima entrada)
Hemos cogido los bártulos y nos hemos ido, como cada año, a casa de mis padres, a desayunar un buen pedazo de roscón y a repartirnos algunos pequeños detallitos. Cafetera a pleno rendimiento, tazas van y vienen, corta aquí... No, corta tú por allá... Cámbiame el trozo de kiwi por el cachito de papaya... ¿Te ha salido a ti la sorpresa...?. No, no... Seguro que está en tu trozo... Cada año, lo mismo. Cotidianidad necesaria que, si no tienes, echas de menos.
Las niñas de mi madre: sus plantas. Su balcón parece un invernadero perfectamente atendido, verde y brillante.
Después de desayunar y tener la barriguita llena y satisfecha, fuimos a casa de mis tíos, vecinos de barrio de mis padres, a ver a mi abuela, que comía con ellos y al pequeño de la familia: Samuel, hijo de mi primo y su mujer. Tras un picoteo de canapés y embutidos (yo pasé un poco de polvorones y dulces navideños... imagino que entienden la razón), regresamos a casa de mis padres.
Rinconcito del salón de mis padres, más plantitas de mi madre y vistas desde su balcón.
Seguimos de charla, mientras abríamos algún regalito y preparábamos la mesa. Mi madre sabe que no me importa no recibir nada; de hecho, en mi familia nunca hemos sido de demasiados Reyes: un detallito, un dinerillo para rebajas y, lo que nunca puede faltar: algún libro y una caja de bombones. Sí, ya sé que saben que me pirro por el chocolate, a poder ser bien negro y oscuro. ¡Me conocen bien!.
Unos champiñones rellenos de cebollita que luego se gratinarían con queso. Cosas deliciosas de mi madre.
Abrimos una botellita de cava, que a mi madre y a mí nos encanta, y nos sentamos a comer. Hay que ver... Las celebraciones en este país son siempre alrededor de la mesa. Sentarse a comer es  siempre una buena excusa para departir con la familia y amigos. En casa de mis padres, además, siempre hemos comido muy bien, pues como he dicho en varias ocasiones, mi madre es una excelente cocinera. En el día de hoy, nos ha preparado unos estupendos champiñones rellenos y un lomo relleno de pimientos, zanahorias y huevo duro que se deshacía en la boca de tierno que estaba.
La comida del Día de Reyes en casa de mis padres fue muy informal y deliciosa: champiñones rellenos y lomo relleno de pimientos, huevo duro y zanahorias. 
En fin... Un Día de Reyes tranquilo y con la mejor de las compañías: la familia más próxima.

Hasta la próxima receta amig@s.

Etiquetas: ,