Pudding de calabaza y limón

Parece que va acercándose Doña Primavera... Los días se alargan, el sol tiene una tibieza distinta y la luz... La luz es tan cálida y maravillosa que dan ganas de andar todo el día con la cámara en ristre. A mí poco me falta ya y, para muestra, un botón.
¿No les pasa a ustedes que todo lo que ven les parece de una belleza singular y que por necesidad ha de quedar plasmado en una fotografía y, como no, subirla al blog?. Pues a mí me pasa continuamente. Cuando por trabajo, saco fotos a documentos, me frustro si no ha salido todo lo bien que debería haber resultado. Y es un simple documento; por favor, ¡ni que fuera a enmarcarlo!. En fin, cosas del perfeccionismo, que, a menudo, nos ayuda a progresar, pero, otras veces, sólo es un obstáculo que nos hace perder nuestro importante y breve tiempo. En fin, me acaba de dar un escalofrío de esos que experimentamos cuando sentimos frío y, de repente, notamos los rayitos del sol calentando la piel. ¿Saben a qué me refiero...?.
Y hablando de rayitos de sol... ¡Hay fresas por todas partes!. Doy por sentado que la falta de lluvias en Gran Canaria ha sido determinante para que las fresas hayan madurado antes; pero, ¿tan pronto?. Parece ser que el pueblo grancanario que nos surte de fresas, Valsequillo, está en pleno apogeo de este pequeño y rojo fruto, dulce y delicioso. ¿Sabían ustedes que teníamos un pueblo fresero en Gran Canaria?. Lo tenemos y produce unas fresas pequeñas, prietas y de un dulzor honesto que hace que sea imposible dejar de picar una tras otra. A mí me pasa... Las compré ayer domingo en el mercadillo local de San Lorenzo y fue llegar a casa, lavarlas a fondo y empezar a comerlas hasta que sólo quedaron tres fresas algo verdosas. 
Dice Marc que tengo debilidad por toda la comida de color rojo. Yo creo que no sólo me pasa a mí; creo que somos muchos los que babeamos tras el color rojo y los productores y comerciantes lo saben y nos manipulan por ello. Si es que hasta alteran el color de muchos alimentos para conseguir que no podamos resistirnos a sus productos. ¡Ojo...!. Tenemos que ser fuertes y decir no a productos excesivamente manipulados. Quizás, entonces, logremos que los alimentos dejen de estar tan alterados y manipulados como lo están ahora y vuelvan a saber a lo que sabían antes de ser más importante el "por fuera" que el "por dentro". ¿No les inquieta a ustedes este asuntillo?. Espero que sí; al menos, un poco. La inquietud es lo que nos hace movilizarnos y empujar hacia el cambio.
 INGREDIENTES (molde de cake):
ELABORACIÓN:
1º) Calentar la leche y verterla sobre el pan troceado. Dejar unos 15 minutos. Triturar la mezcla.
2º) Añadir la calabaza a la mezcla anterior e incorporar el azúcar y la ralladura de limón.Triturar nuevamente.
3º) Echar los huevos en la pasta anterior y batir bien.
4º) Hacer el caramelo con el azúcar y el agua. Yo sigo la receta de Javier (JaviRecetas.com), que lo explica muy bien y el resultado es muy bueno.
5º) Echar el caramelo en el molde de cake. Repartirlo bien por todo el fondo y esperar que enfríe un poco.
6º) Verter con mucho cuidado la mezcla del pudding en el molde que se colocará en una fuente con agua hasta la mitad de la altura de aquél. Hornear al baño maría durante unos 60-70 minutos a 180ºC. Si vemos que se tuesta mucho por encima, colocarme un poco de papel de platina o aluminio. Para saber si está, pincharemos con un palito en el centro del pudding.Si sale limpio, el pudding está listo.
7º) Sacar del horno y dejar enfriar unos 5 minutos. Desmoldarlo con cuidado y dejar enfriar y reposar al menos 6 horas (mejor de un día para otro).
8º) Cuando vayamos a servirlo, quemar el caramelo de la parte de arriba con un soplete de cocina. Quedará crujiente y tibio. ¡Delicioso!.
No sé cómo les gusta a ustedes el pudding, incluso el flan, pero a Marc y a mí nos gusta de consistencia durita; que se pueda pinchar con el tenedor. Los flanes tipo gelatina no son de mi agrado. ¿Por qué lo digo?. Porque si les gustan más blandos, deberán aumentar la cantidad de leche y reducir el pan, incluso la calabaza. 

Esta receta consigue una textura compacta, pero cremosa y un sabor dulce por la calabaza, pero contrarrestado por la ralladura de limón. He preferido poner menos azúcar de la habitual a la mezcla del pudding, pero aumentar la cantidad de caramelo, que nos chifla, sobre todo cuando se quema y queda esa costrita crujiente tan tentadora. 

¿Y a ti...?. ¿Cómo te gusta el pudding?

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