Coca de albaricoques de "Ca na Margarita" (coca d'albercoc)

Margarita es mi suegra, la madre de Marc y la propietaria de la receta que hoy les cuento. 
En alguna ocasión les he comentado que Marc es de Menorca. Sí... Una grancanaria y un menorquín. La insularidad elevada al cuadrado. Representamos eso que dicen muchas páginas webs: "Enviamos a todas partes, salvo a Baleares, Canarias, Ceuta y Melilla...". ¡Qué rabia me da!. ¿No somos españoles o qué?. Lo curioso es que no hay ningún problema si los envíos vienen de cualquier otra parte del mundo. Esos sí llegan, pero en España parece que estamos vetados. Bueno, también nos quitan del mapa del tiempo; o se ponen delante mientras nos cuentan dónde llueve y dónde fa calor. Por cierto, y hablando del tiempo... Está lloviendo en el Norte de Gran Canaria. Casi no he podido salir del coche para entrar a la oficina de la ITV donde tenía que entregar los documentos del coche, pagar casi 40€ y hacer cola para que me vapuleasen al pobre ancianito que ya ha pasado la mayoría de edad. ¡Pero es un campeón!. La ha pasado mejor que uno reluciente recién salido del concesionario. ¡Si es que está hecho un Fórmula 1!.

Les decía que Marc es un menorquín que no pierde ocasión para hablar maravillas de su tierra y es que Menorca, para quienes no la conocen, es una lindura. Sus playas son una delicia. Imaginen adentrarse en un bosque de pinos y encinas y, al final del relajado paseo con aroma a resina, salir en una increíble playa de arenas blancas y mar tan azul, límpido y tibio que quita el hipo. Personalmente me encantan las playas de esta bella isla mediterránea, pero lo que más me gusta son los alucinantes monumentos megalíticos que siembran el paisaje rústico menorquín. Enormes talayots se vislumbran por toda la geografía de Menorca, así como curiosas taulas e indescriptibles navetas. Paredes secas recorren, a modo de cicatrices, el verde prado de la Isla por la que han pasado todos los pueblos importantes de la Antigüedad; un territorio que durante mucho tiempo fue retenido por Gran Bretaña para sí y que finalmente entregó a España en 1802, aunque no sin dejar grandes influencias en esta tierra que encierra tantísima Historia. En Menorca se bebe gin (Xoriguer, a más señas), no ginebra; las fiestas de caballo tan conocidas son recreaciones militares de antaño, cuando Menorca pasaba de la Corona de Aragón a manos francesas e inglesas como quien intercambia cromos... Y en medio de todo este caos histórico de ocupaciones, batallas e intercambios de plazas militares que perduraron hasta después de la Guerra Civil Española, en la cual Menorca permaneció siempre fiel al Gobierno legal de la República, los pacientes habitantes de esta preciosa joya del Mediterráneo.
Los menorquines son gentes tranquilas y muy acogedoras. Hablan el menorquín, una derivación dialéctica del catalán, aunque mucho más cantarina y menos nasal que se aprende fácilmente si tienes la suerte de que quien tienes al lado vocaliza bien, porque si no... Cuando voy a Menorca, Marc es el único que se ríe de mí si chapurreo en menorquín... ¡Me saca los colores!. Eso sí, yo lo intento, salga mejor o peor.

Menorca es una gran desconocida en todos los sentidos y doy gracias por ello, porque de otra manera estaría destrozada y ocupada por adolescentes europeos borrachos. Y no es así. Gracias a que Menorca es Reserva de la Biosfera, se ha frenado la edificación absurda y dañina que han sufrido Mallorca e Ibiza y, como no, las Islas Canarias, especialmente Gran Canaria, Tenerife y Fuerteventura (porque, por suerte, Lanzarote también está muy protegida). S'Albufera des Grau es la cosa más bonita que puedan imaginar. La mayoría de las aves de toda Europa pasan por aquí en sus rutas migratorias. Es impresionante y hay que preservarlo a toda costa. 
Por si les interesa mi opinión, Menorca puede ser visitada en verano sin aglomeraciones, aunque evidentemente sube el nivel de ocupación, especialmente con turismo nacional de bastante calidad. Es cara, pero, si disponen de dinero, merece la pena. Personalmente prefiero Menorca fuera de temporada vacacional. La gama de verdes es tan extensa que se sorprenderán. Si en primavera suben a Monte Toro, la única altura de la Isla, podrán vislumbrar todo el perímetro insular y se harán una mejor idea de su paisaje, sus pueblos y ciudades. 

Desde Maó, la capital menorquina, a Ciutadella, la ciudad más señorial de la Isla, pasando por Es Mercadal, te sorprenderás por su gastronomía. Es Mercadal es el centro estratégico de la Isla de Menorca y, casualmente, el pueblo donde nació y vivió Marc hasta que se vino a Gran Canaria. Este pueblo blanco y muy cuidado ofrece gastronomía marina (las famosas calderetas de langosta de Fornells), carnes estupendas (especialmente el cordero cocinado de muchas maneras, donde destaca el freixurat menorquí y la formatjade, una especie de empanadilla), unos embutidos realmente sorprendentes (sobrasada, cuixot, butifarró...), un delicioso y original queso Mahón y una repostería tradicional y artesanal... ¡Quina reposteria mes bona!. De hecho, me he topado en algunas ocasiones con Joan Manuel Serrat comprando en Cas Sucrer (el verdadero) los famosos amargos y carquinyols, pero también divinas ensaimadas, pastisets, cocas, turrón quemado, etc. ¿A que te estoy tentando...?
INGREDIENTES (para la coca que ves en el molde):
- 1 vaso de leche
- 1/2 vaso de aceite de girasol
- 550 g de harina de trigo normal
- 1 huevo
- 1 papa cocida, pelada y escachada (aplastada)
- 7 g de levadura seca (mi suegra usa la fresca)
- 1 cucharada sopera de azúcar y 2 más para espolvorear sobre la coca
- 1 cucharadita rasa de las de café de sal marina
- 6 albaricoques gorditos, deshuesados y en mitades

ELABORACIÓN:
1º) Desleír la levadura en la leche tibia.
2º) Mezclar la harina, la papa y el huevo; añadirle luego la leche, la sal, el azúcar y el aceite. Amasar hasta integrar bien los ingredientes. Ten en cuenta que la masa es muy viscosa, así que no vayas a añadirle más harina pensando que las medidas están mal. Como lleva bastante aceite, se maneja bien con las manos. Hacer una bola, taparla y dejarla reposar unos 30 minutos.
3º) Coger la bola de masa y extenderla sobre un molde rectangular forrado en papel de hornear. Si lo prefieres, puedes hacerlo directamente sobre la bandeja del horno, pero, entonces, no saldrá tan gordita.
4º) Hundir suavemente las mitades de albaricoque en la masa, con el interior hacia arriba (mi suegra los coloca así y no al revés, de modo que el juguito del albaricoque, mientras se hace, se mantenga en la fruta y no se filtre tanto en la masa). Dejar reposar unos 30-45 minutos en un lugar cálido y seco.
5º) Precalentar el horno a 200ºC, espolvorear las 2 cucharadas de azúcar sobre la coca y hornear unos 30-35 minutos, bajando el calor a 180ºC pasados los 2-3 minutos iniciales. Sacar del horno y dejar enfriar sobre una rejilla.
Espero haber contribuido a que conozcan Menorca un poco más o que, al menos, sientan interés por visitarla, cosa que recomiendo fervientemente. Y si no pueden ir por ahora, prueben a hacer esta estupenda coca de albaricoque para sentirse como en Menorca. Es tierna y sabrosa y el sabor que da el albaricoque a este dulce tradicional balear no tiene parangón. Y el aroma que deja en la casa es tan maravilloso...

Disfruten del fin de semana.

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