Cosas que me da miedo contar...

Esta mañana, mientras hacía el paseo mañanero por algunos blogs, me detuve para leer a consciencia a Ajonjolí. Siempre leo sus posts, porque ella siempre tiene cosas que a mí me interesa leer o saber. En el post de hoy, Ajonjolí había tomado el relevo a otras muchas blogueras que habían decidido desenmascararse y contar ciertas pensamientos que les pasaban por la cabeza, porque la vida no es tan dulce como aparenta ser en los blogs gastronómicos. Yo he decidido sumarme a esta cadena que sí merece la pena y participo en ella con todas las de la ley.
Y es que es cierto. La vida no es tan dulce como da la impresión blogueando y a todas nos da miedo decir lo que pensamos de muchas cosas que vemos. Porque pensar, seguro que pensamos... Y quiero empezar este vómito de cosas que me da miedo contar compartiendo con ustedes algo que una persona me dijo la semana pasada en un comentario en mi Facebook personal. Avanzarles que tengo dos perfiles de Facebook: el personal, el de Laura Le Al, y el de ¡Sano y de rechupete!. El de ¡Sano y de rechupete! es una mera extensión del blog, pero el de Laura Le Al... Ese perfil responde a mi manera de ser, de pensar, de sentir y digo y expreso lo que me pasa por la cabeza o lo que me retuerce el estómago. Es decir, quien me quiere conocer debe ir a ese perfil. Pues bien, una persona me comentó en el perfil de Laura Le Al que prefería el de ¡Sano y de rechupete! porque era "más dulce". Entendí perfectamente lo que quería decirme y, aunque lo dijo educadamente y cada cual es libre de decidir qué lee y qué no, confirmó mis sospechas: en este país seguimos siendo estrechos de miras y creemos que no se debe expresar abiertamente las ideas o manera de pensar, porque... "está feo" y no se tiene que ofender a los demás. 

Esta manera de pensar está enterrada en nuestro subconsciente y desconfiamos de las personas que hablan abiertamente de su ideología o de sus pensamientos personales, cuando deberíamos alabar a quien tiene el valor (sí, el valor...) de manifestarnos públicamente su manera de ser. Porque pensar de un modo nos dice cómo es una persona. Respeto a quien no quiere contar qué piensa de esto o de lo otro, pero espero el mismo respeto cuando yo sí quiero decir abiertamente lo que me gusta y lo que no. Y sí, amig@s mí@s, también incluyo la discusión política, porque nos guste o no, todos pensamos hacia arriba o hacia abajo, hacia un lado o hacia otro. Si no quieres compartir tu visión política de las cosas, no lo hagas, pero no me castigues a mí por hacerlo. Porque así soy yo.

Y es que hablo de castigo porque es evidente que hay personas que, al no compartir mi visión abierta de la situación política, simplemente decide hacer un majo y limpio y más de una ha decidido que no pasará siquiera por mi blog. ¡Qué cosas!. Para mí eso es simpleza mental. Yo no coincido con las ideas anticuadas de mi padre, por poner un ejemplo, y él no deja de quererme como hija y yo no dejo de quererle como mi padre que es. ¿Por qué no se respeta, e incluso se aprecia, a alguien simplemente por no coincidir ideológicamente?. Repito que esto es, a mi modo de ver, una merma mental de la sociedad española.

Cambiando de tercio... ¿Qué más me da miedo contar?. En general nada y, en particular, todo. 

- Yo no soy aquello a lo que me dedico profesionalmente. Soy mucho más que una asesora jurídica y de seguros. Lo digo porque me fastidia mucho la pregunta "¿Y qué eres...?", por lo que siempre respondo: "Laura". Y no; no me gusta a lo que me dedico, pero las cosas son como son y en casa tenemos que comer y hasta que no tenga la fortuna de decidirme a escribir un best seller y alguien se dé cuenta, aparte de Marc, de mi madre y de mi querida amiga Tale, de que tengo gracia contando cosas y me contrate para un programa de radio (la TV, no, que soy un poco vergonzosa con cámaras delante), no me queda otra que seguir dando el callo. ¿Capisci?. Pues queda aclarado.

- A veces me siento perdida, porque querría dedicarme a cien cosas distintas y que me pagasen por ello. Ya sé que es un poco ingenuo por mi parte, pero qué quieren que les diga... Soy una mujer renacentista y hubiera querido ser una atleta de élite, pero pronto me di cuenta que detestaba competir contra otras personas y que sólo me tentaba hacerlo contra mí misma. Me imaginé en muchas ocasiones como Lois Lane, pero sin la necesidad de que me salvase Superman, porque esos calzoncillos rojos eran un poco ridículos, al igual que el caracolillo en la frente. De hecho, a mi madre le hubiera encantado. Creo que le decepcionó que me hiciera abogada, aunque pronto lo olvidó, porque mi madre me quiere mucho. De jovencita participé en varias obras de teatro, incluso en francés en la Escuela Oficial de Idiomas, pero me sentía como un pato mareado y terminé entre bambalinas, que me divertía mucho más. ¿Saben que quise ser  astrofísica?. Pues sí... Y poetisa, y traductora, y pintora, y botánica, y detective privado, y diseñadora de interiores, y descubridora de cualquier cosa... La lista es demasiado larga. Podrán pensar que eso denota que soy indecisa o una veleta, pero yo apunto más a que tengo muchísimas inquietudes y hay muchas cosas que no se me dan nada mal. Últimamente me siento inclinada a que me contrate la Guía Trotamundos y me pague por escribir sobre los países que visito o por los restaurantes en los que como. Sería un trabajo a mi medida, pero, ¿hasta cuándo...?.

- No tengo hijos, ni creo que vaya a tenerlos. Carezco completamente de eso que llaman instinto maternal. No considero que parir me vaya a aportar nada que necesite para conformar mi humanidad. No obstante, sí me siento inclinada a compartir lo que tengo o lo que puedo aportar a algún ser desamparado que necesite un poco de apoyo para crecer. En ese sentido, puede ser que en algún momento de los próximos 15 años me preste a acoger o adoptar a alguna criatura humana ya entradita en años. Los bebés no son lo mío, pero las personitas pequeñas me producen curiosidad. Es sólo una posibilidad; tampoco es que lo haya analizado demasiado. No tengo prisa. 

- Escribir en el blog me ayuda a desatar mi vena artística: cocino, fotografío y escribo. El blog da rienda suelta a mi imaginación y a mi necesidad de expresarme de diversas formas. Puedes conocerme casi perfectamente viendo lo que cocino, lo que fotografío y lo que escribo. De hecho, creo que much@s de ustedes me conocen más que la mayoría de mis amig@s, a quienes parece no interesarles en absoluto esta faceta mía. Eso me produce un sentimiento de amargura bastante potente porque aparentemente parecen no querer saber de mí, de mis inquietudes, de mis ilusiones y esperanzas. Termino pensando que salvo a Marc, a pocas personas más les motiva el conocerme en profundidad. No obstante, no piensen que esto me entristece más de un minuto. ¡Qué va!. Suelo tener alta la autoestima (para qué engañarles, si se va a notar lo contrario) y sólo pienso que ellos se lo pierden.

- Me gusta comer, por eso creo que cocino... Me producen un poco de grima esas personas que arrugan la nariz ante la mayoría de los alimentos. Asocio la falta de apetito con la falta de sensualidad y me desmotivan esas personas. 

- Si voy a comer a un restaurante, ruego que no me pongan un "aroma de cocido", sino un cocido sin metáforas de ninguna clase. Yo quiero un plato lleno. Los platos enormes y vacíos con tres rayas de aceites trufados me dan la risa. Si tú los quieres pagar a precio de saco de oro, porque ese señor se llame Adriá o Puturrú de Fuá, me parece muy bien, pero esta Menda Lerenda no pasa por ese aro ficticio y especulativo.

- Me chifla comprar platos sueltos que me encuentro por aquí y por allá, pero nunca pago más de 1€. Es el límite que me he puesto y, si es menos, mejor. No los uso sólo para las fotos, sino que como en ellos. Me gustan los objetos bellos; no voy a negarlo ni a avergonzarme por esta causa. Y, aunque a much@s conocidos les sorprende, tengo todas esas cosas en uso, porque soy, sobre todo, una persona pragmática. Disfruto usando cosas que me gusta mirar. Si se rompen o desgastan, mala suerte; no dejan de ser cosas y no siento tanto apego por lo material. Las cosas se reemplazan, si hace falta. Las personas, jamás. 

Me gusta que me regalen cacharros para la cocina y, por ello, no me considero una maruja. Lo digo porque mis amigos, ésos que casi no me conocen, se asombran de que prefiera una amasadora a unos zapatos coquetos. Y no es que no me gusten los zapatos, que me encantan, es que tampoco sabrían elegir los zapatos que me gustan. Pongo pañitos de cocina en mis fotos porque me parecen tan lindos que hacen que una foto sosa mejore notablemente y adorno mis bodegones fotográficos con flores porque casi siempre hay jarrones con flores en mi casa. ¿Les había dicho que otra de mis pasiones/devociones son las plantas, cactus y flores?. Pues ya saben algo más.

- Adoro el rosa chicle y el verde melón... Sé distinguir cientos de colores y me gusta tener esa capacidad. No me da ninguna vergüenza decir abiertamente que dejo de publicar una foto en el blog si en la combinación de colores falla algo. Si te parece una estupidez, lo siento por ti. Somos autor@s de blogs gastronómicos y las fotografías son esenciales para transmitir, que no engañar, una receta. Aunque digas lo contrario, la comida entra por los ojos y hacer una foto correcta no requiere más que un poco de interés en hacerlo bien. No hay que buscar excusas, sino esforzarse un poco, salvo que no te importe siquiera que se vea qué es lo que hay en el plato. Si es así, de acuerdo. Pero no te quejes, pues, si nadie te visita. Las personas necesitamos imágenes para hacernos una mejor composición de las cosas y eso no nos hace más o menos superficiales. Te puedo asegurar que yo no me paro a analizar una receta si no veo antes el resultado en una foto; incluso el corte en un pastel. De hecho, no compro libros de cocina sin fotografías acordes a las recetas reseñadas. Soy así de boba, qué le vamos a hacer.

- Mi cámara es semicompacta; una humilde Fujifilm Finepix que me ha salido buena con ganas. Eso sí; la he exprimido hasta límites insospechados. Soy autodidacta en estas lides: con un manual hago maravillas. Soy de las que piensan que más vale tener una cámara pequeñaja que sepas usar que una supermegaguay en la que no sepas qué botón pulsar. Además, las fotos chulas no las hacen las chulicámaras, sino un buen ojo y un poquito de sentido estético.

- No me siento avergonzada al decir que uso programas de retoque que corrigen algunos defectos de mis fotos, especialmente el color rojo, que no sé por qué diablos sale naranja. También me aprovecho del difuminado, porque mi cámara no lleva bien esa técnica, por más que la he intentado. Y siempre, siempre, siempre uso un trípode más viejo que carracuca. ¿Por qué no iba a usar las mejoras que la tecnología me ofrece?

- Tengo la suerte de tener una preciosa mesa grande de madera de estilo rústico mexicano en la que hago la mayoría de mis fotos. No todas. Las fotos que más me gustan de entre las mías son aquéllas en las que se ven las manos de Marc. Son tan masculinas y fotogénicas...

- No me gusta el fondant, ni los cupcakes. Es verdad que son bonitos, pero no sé quién puede comerse esa pasta empalagosa que se pega al paladar. Cocino para comer, no porque quede lindo en una foto.

- Cocino muchísimas cosas que no subo al blog cada día. No me gusta repetirme y no tengo necesidad de publicar a diario. Todo lo que cocino a diario suele estar riquísimo, pero no protagonizan los posts de mi blog, porque no veo interés en sacar un pescado a la plancha con una ensalada verde al lado.

- No me gusta ensuciarme cocinando, por lo que uso delantal. Ni estoy mona con él, ni dejo de estarlo. Lo único que no soporto es llevar las uñas largas, porque todo se mete bajo ellas y me da mucho asquito, sobre todo cuando amaso pan. Y eso que las uñas largas y arregladitas quedan tan lindas...

- Me repatea el hígado que me esfuerce en preparar un buen post con un plato bueno, bonito, barato y sano y mis lectores prefieran el post de un pastelito que tampoco me quedó maravilloso. Ya sé que la mayoría de las búsquedas por internet son de recetas dulces o para impresionar al enamorado, pero me fastidia muchísimo. No obstante, no voy a dejar de hacer lo que me gusta porque la mayoría prefiera un dulce cursi e incomible. Seguiré empeñada en mis verduras y pescados, aunque El Comidista llame en sus libros "petardos" (o algo así) a gente como yo, empeñada en que comamos mejor de lo que lo hacemos. No creo que ese señor me lea en la vida, pero, por si acaso, decirle que me importa un pito lo que él piense de mi cruzada contra las grasas hidrogenadas, por más que salga con Gemma Nierga en La Ventana, programa que, por cierto, me encanta.

- Detesto a Danone, Nestlé y Coca-Cola. En mi casa no entra nada (salvo el puenteo que me hace Marc con el maldito Nescafé) de estas marcas. Mi inquina hacia la pelma del anuncio del activia es mortal. ¿Pero qué le pasa a la gente que no caga?. Se sigue diciendo así, ¿verdad?. Es que a veces pienso que sólo se puede decir "ser regular". Menudo eufemismo estúpido. Si abrieran los ojos y vieran el veneno que están tomando y dando a sus hijos. Para mí tendría que ser considerado delito dar a los hijos un activia/altimel de las narices. Menos botecitos de yogurt y más vegetales, mis niños. Sólo así irán al baño como un cirilo, que decía mi abuela.

- Yo publicito lo que me gusta y siento si molesta a alguien. Me encantaría ganarme la vida con esto, pero no creo que eso pase en la vida. Sin embargo, si puedo hablar bien de una cooperativa familiar de naranjas en Valencia o de un aparatejo que me gusta, ¿por qué no iba a hacerlo?. No hago mal a nadie y tampoco engaño. Doy mi opinión y hasta la fecha eso no impide que sea objetiva en mis posts. Bueno, objetiva a mi manera, porque la objetividad es tan relativa...

- Tengo un sueño: tener una casita de una sola planta rodeada de un pequeño terrenito donde tener mi huerto y mis arbolitos, un jardín de flora canaria y cactus, así como una zona acristalada con orquídeas y dos perros grandes como osos. Envidio una cocina grande, con mesa enorme para comer, escribir, charlar hasta las tantas con los amigos y no tener que hacer un puzzle para colocar mis calderos y sartenes, maldiciendo hasta la pobre mosca que asustada entra por la ventana. Anhelo un tallercito compartido con Marc: una parte para sus inventos y otra para los míos. 

En fin, podría seguir hasta el infinito y más allá, porque me queda tela para rato, pero no creo que sea necesario porque, supongo, has entendido lo que he querido decir con toda esta retahíla. ¿Verdad...?. ¿Te unes a esta cadena de "Cosas que me da miedo contar..."?.

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