Los primeros níscalos y una receta sencilla

Níscalo, rovelló, ziza gorri, pinutela, pebrazo, esclata-sang, robellón, pingadouro... Cientos de nombres tiene esta joya de nuestros bosques y de las mesas otoñales cuyo término científico es lactarius deliciosus
Ayer hicimos nuestra primera incursión a los bosques grancanarios en busca de este alimento dorado que hace las delicias de las comidas otoñales. Carnosos, de un intenso color amarillo que se oxida un poco después de cortar su pie y completamente sanos. Estas setas son usuales en los bosques de pinos, aunque también en algunos que reúnen distintos tipos de coníferas y otra clase de árboles. Y, qué decir, sobre lo apreciado que es como alimento. De hecho, es uno de los hongos más buscados por los recolectores de setas.
Armados con coquetos cestos de mimbre, navajita y, en algunos casos, brochitas; enfundados en botas y chubasqueros y bien abrigados, salimos al alba, con la ilusión pintada en la cara. Así debe ir ataviado un recolector de setas que se precie; y con el respeto al bosque tatuado en la frente. Jamás deberemos olvidar el cesto y la navajita, pues la naturaleza no necesita bolsas de plástico; y tampoco llevaremos rastrillos que arranquen todo lo que a su paso encuentren. No arrasemos con todas las setas que encontremos, ya que puede ser pan para hoy y hambre para mañana. No seamos avaricios@s. El bosque puede alimentarnos si somos racionales y sólo nos llevamos lo que necesitamos para comer. ¿Para qué más...? Aprendamos a ser sostenibles. Vivimos en este Planeta, no somos sus dueño. Sólo somos uno más de los seres de la cadena natural y estamos de paso.   
Me gustan los níscalos, aunque no son mi seta favorita. Sin embargo, Marc, como buen menorquín, tiene a esta seta por bandera. En su tierra, se pirran por los esclata-sangs. Yo prefiero las cantarelas o rebozuelos (cantharellus cibarius) y los boletus, especialmente los edulis. Pero, evidentemente, cualquier seta comestible me encanta. En este sentido, hay que tener mucho cuidado con qué setas cogemos. Más vale dejar alguna atrás, que sufrir problemas digestivos, dañar gravemente nuestro cuerpo e incluso morir por comernos un hongo indebido. Así pues, tengamos mucha precaución recolectando setas.

Cuando lleguemos a casa, daremos otro repaso al contenido de nuestra cesta, para cerciorarnos sobre la inexistencia de ningún hongo peligroso para nuestra salud, y limpiaremos la tierrilla que puedan tener usando una brochita (jamás los sumerjamos en agua, pues pierden ese aroma y sabor a bosque que tanto nos gustan). Si no los vamos a cocinar todos, los dejaremos en un recipiente y los taparemos con un paño limpio y un poco húmedo, para que no se sequen. 
Por último, te muestro una receta sencillísima para preparar los níscalos. Se trata de dejarlos enteros; disponerlos sobre una bandeja de horno, añadirles un generoso chorreón de un buen aceite de oliva virgen extra, un poco de sal gruesa, una picada de ajo y perejil y pan rallado espolvoreado por encima. Llevaremos la bandeja al horno precalentado a unos 180ºC y entre 15 y 30 minutos, dependiendo del grosor de los níscalos. Y...¡hala! ¡A comer! 

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