Papas, huevos y chorizo con tomate

No creo que haya persona en el mundo (al menos en este país), a la que no le guste un buen plato de papas con huevos y chorizo. Y si le ponemos pimientos verdes fritos, yo me puedo morir de gusto. Pues bien, he combinado un clásico de la comida rápida española con una buena fritura de tomate. ¡Nos hemos puesto morados!
Hace dos semanas recolectamos las papas que sembramos hace unos meses. Y, amig@s mí@s... ¡Qué maravillosa cosecha! Imaginen que llegamos a unos 500 kg de papas preciosas, limpias y lisas en una superficie de tierra de unos 140 m2. Es lo que tiene el campo; es muy sacrificado, pero cuando las cosas salen bien, la recompensa te llena el estómago durante meses. ¡Y es tan reconfortante! 

En los últimos años, y por consejo del propietario del almacén agrícola en el que mis padres se surten para la finca, hemos estado sembrando la variedad galáctica; una papa de piel fina y salpicada de "ojos rosados", con pulpa de color amarilla muy clarita. Las pequeñitas, mientras son papas nuevas, son riquísimas para arrugar. ¡Manjar de dioses! También es deliciosa para sancochar (cocer) y fritas quedan crujientitas por fuera y harinositas por dentro. ¡No hay quién se resista a un plato de buenas papas!
La papa o solanum tuberosum es una planta solanácea originaria de América y que los españoles llevaron a Europa como una mera curiosidad botánica; de hecho, ni quisieron comerla, ni bautizarla. Sin embargo, los ingleses, siempre tan vivos para todo, pronto la empezaron a cultivar y en menos de un siglo la papa se convirtió en el cultivo más extendido e importante en Europa, pero especialmente en Gran Bretaña e Irlanda, lugares donde este tubérculo salvó a la población más humilde de más de una hambruna, dadas las magníficas propiedades alimenticias que tiene (almidón, agua, proteínas, vitaminas, minerales y poquísimas grasas) y lo poco que necesita para un cultivo efectivo. 

"Papa" es la palabra original, un préstamo lingüistico del idioma quechua que los españoles adoptaron por mera repetición, pero sin ningún interés en hacerlo propio. Visto el desinterés de la nación que importó este tubérculo desde América, los ingleses se adelantaron y le dieron nombre: "potato", un híbrido de "papa" y "batata" y que, finalmente, adoptaron hasta los propios españoles, llamándolas "patatas", salvo en las Islas Canarias y en una parte de Andalucía. Evidentemente en toda Latinoamérica a este tubérculo se le llama por su nombre original: "papa".
Esta tarrina rectangular con tapa ha sido un regalo por cortesía de Pyrex. Estupendo como recipiente individual y para servir directamente en la mesa. Admite horno y microondas. ¡Perfecto!



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