Crema de brécol con aceite de guindilla

Hacía tiempo que no pasaba la mañana de un martes en casa. La verdad es que sienta bien, aunque la razón de haberme quedado resguardada sea la de estar, otra vez, con la garganta tocada. Es un fastidio, porque es como tener un papel de lija dentro del cuello y me duele mucho al hablar, al toser, al tragar... Es mi punto flaco; mi kryptonita particular. Pero, tengo un antídoto estupendo y delicioso para estos días en que lo único que apetece es estar recostada en el sofá, con libros amontonados por doquier, la tablet, por un lado, la cámara de fotos por otro... Una fabulosa crema de brécol con aceite de guindilla. Placer de dioses.
Es una crema sencilla, con mucho sabor y el toque especial de un buen aceite de oliva virgen extra con su guindillita. Sí... Es evidente que me apasiona el picantillo. Es la alegría de la vida, creo yo.

Si te gusta el brécol, tienes que probar esta delicia. No obstante, si eres enemigo de esta verdura verdísima y preciosa, ni te molestes en hacerla, porque sabe mucho a brécol, aunque la leche y el caldo de pollo suavizan mucho su sabor. Marc no es muy amigo del brécol y, sin embargo, disfruta con esta clase de cremitas calentitas y sabrosas.

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