¡Estoy de regreso! Cosas que saber sobre Menorca...

Me han sabido a poco las vacaciones, pero es lo que tenía, así que más valía congratularse de gozar de ellas y no amargarme porque no eran muchos días. Mejor pensar en el vaso medio lleno... Además, hay muchas vías que se cierran, y otras que se abren, a mi alrededor y debo mantenerme alerta, por eso de pillar el tren que pasa y subirme a él. Por cierto y hablando de trenes, ¡qué penita lo del tren de Galicia! Ha sido trágico lo sucedido. ¡Cuántas familias destrozadas! Mi más sentido y sincero pésame a todas las personas afectadas de una u otra manera. Yo viví en Santiago durante mis años de estudiante universitaria y, la verdad, siento un gran cariño por esa preciosa ciudad y por Galicia en general.

Hemos disfrutado muchísimo de la preciosa Isla de Menorca, de la que ya he escrito en otras ocasiones. Es la tierra de Marc y aprovechamos, de vez en cuando, para ir y visitar a la familia, divertirse en las fiestas de caballos, estar tumbados sobre la arena de sus idílicas calas y playas y darse chapuzones interminables en su límpidas y tibias aguas mediterráneas. 
Menorca es naturaleza en estado puro. Tranquila y salvaje. Es ideal para viajar a ella en familia, porque en esta pequeña isla aún se respira paz y sosiego y puedes desconectar de los problemas y de la rutina de tu vida habitual. 
Y no me canso de repetir que Menorca es una gozada. Es el clímax para el descanso y tiene una luz tan divina que te hace llorar, así que, si te gusta la fotografía o la pintura, ya puedes ir programando un viajecito a este paraíso. Pero... ¡Menorca es mucho más! 
Sus cultivos de cereales se tornan dorados bajo el impecable y profundo cielo azul que lo domina. Es un paisaje realmente lindo. Insisto: llévate siempre la cámara a cuestas, porque siempre hay algo que quieres llevarte de regreso a casa y no sólo en la retina, para poder rememorar esos instantes cuando se acabe lo bueno.
Las espigas de cereal me llaman mucho la atención; empacadas o con esas curiosas formas de lanzas que apuntan hacia el sol. Trigo, cebada, avena... Alimento para la ganadería menorquina. Vacas especialmente. Vacas autóctonas y frisonas. Una orgía vacuna que me encanta. De hecho, fue una de las cosas que más me llamó la atención de su paisaje la primera vez que pisé esta isla. ¡Había vacas diseminadas por toda su extensión!

Pero Menorca es más que paisaje, aunque éste sea un valor fundamental de esta isla mediterránea. Es un destino muy apreciado por los amantes de la navegación, que eligen recalar en algunas de las abrigadas calas de su litoral. Aunque estas personas también disponen del imponente puerto natural de Maó o el sorprendente puerto de Ciutadella, con sus archiconocidas rissagas (meteotsunamis) que dejan este puerto patas arriba prácticamente cada año, durante el verano. O, por qué no, pueden refugiarse en la Bahía de Fornells, donde todo tiene un color especial... 
Cuando visitas las ciudades y pueblos de Menorca sorprende el magnífico estado en que se encuentran la mayoría de sus edificios. Sus casas son una coquetada. ¡Están tan acicaladas! Personalmente me producen una sensación de envidia sana; tan encaladas, con ese aire un tanto rústico, sus ventanas y puertas de un impoluto verde carruaje y sus persianas de librillo. Realmente los menorquines de nacimiento o de adopción estiman su tierra. Viéndolo desde fuera, siendo objetiva en la medida en que puedo serlo, no me cabe la menor duda de esa afirmación.
Para ser un lugar relativamente pequeño y con poca población, hay que ver las curiosidades que pueden verse por sus calles. Estas imágenes que ven justo debajo son de una exposición de sillas un tanto peculiares. Pudimos disfrutarla en Fornells y lo cierto es que me encantó. La azul voladora me pareció sublime. Me la traería a casa sin dudarlo.

Menorca es, también, un paraíso para los amantes de la bicicleta, dada su orografía llana. Pero es que, además, hay lugares en los que una gran parte de la población se desplaza con este medio de transporte a todas partes. Me refiero a Ciutadella de Menorca. Y es que las bicicletas no son sólo para el verano. 
No quiero cansarles... Me apasiona demasiado esta islita en medio del Mediterráneo como para convertirla en un tema cansino. Pero Menorca es gastronomía y otros muchos productos de alta calidad que allí se producen. Si son, como yo, amantes del buen calzado, no pueden dejar de visitar las fábricas de sus zapatos más insignes. Yo siempre me vengo con uno o dos pares adquiridos directamente en sus fábricas (también en sus tiendas, vale...) y son la mejor inversión que hago para mis pies. Desde los excelentes Pons Quintana, pasando por Jaume y Úrsula Mascaró (incluida las Pretty Ballerinas), Patricia, Plumers, hasta llegar a las maravillosas abarcas (las albarcas o avarcas son sandalias ideales para el verano) de las productivísimas marcas Ría o Mibo o las más exclusivas Castell. Son zapatos de altísima calidad made in Menorca. Sí, sí... Made in Menorca. Ya saben lo que siempre digo: consuman productos locales. ¡Qué mejor forma de ayudar a la buena empresa nacional!
¿No me digan que no son monísimas esas abarcas de color verde...? ¿Han visto qué colores tienen las que se pueden ver en la foto de la tienda que se ve en la fotografía de encima de estas líneas? Simplemente maravillosas.

Disfruten del verano y sean felices.

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