Pastel de calabacín y queso de cabra

Septiembre... Un mes precioso, con una luz realmente especial y todo a pesar de que se acaba el verano, comienza el cole y la rutina se adueña de nuestro día a día. ¡Un mes luchador! Déjame que te cuente un par de cosillas y que queden entre tú y yo...
¿Recuerdan la serie de T.V. "Verano Azul"? Yo nunca entendí la tristeza que embargaba a los protagonistas cuando regresaban a casa, ni el cambio que daba el pueblo cuando iban terminando las vacaciones y me chocaba aquello de "veranear". ¡Y me mataba de aburrimiento la canción que ponía punto final a la serie! Aquel "El final del verano" del Dúo Dinámico era, para mí, todo un misterio. Les parecerá una tontería, pero no comprendí, ni le di más vueltas a todo esto, hasta muchos años más tarde, al pasear por Ciutadella de Menorca, en pleno mes de febrero y vi asombrada calles y calles de locales cerrados cuyos escaparates estaban pintados de blanco. Fue todo un shock y, en ese momento... I understood everything. En otros lugares, ¡el verano acababa en agosto! ¡Y yo sin saberlo! Esa mecánica de las cosas no tiene lugar en Gran Canaria. El verano no termina en agosto, sino que sigue más allá...  Las heladerías están abiertas en diciembre, los chiringuitos de playa no cuelgan carteles de "nos vemos el próximo verano" y las hamacas siguen viéndose sobre la arena de las playas. En mi tierra, el sol luce todo el año y no veraneamos porque tenemos la fortuna de poder tumbarnos al sol, en alguna parte de la Isla y en cualquier momento del año.
La segunda cosa que quería contarte es que mañana mismo comienzo mi andadura profesional en otra compañía. Voy a estar un poco liadilla mientras me pongo las pilas y me adapto. Estoy muy contenta con el cambio porque me encantan los cambios, pero, al tiempo, siento hormiguillas en el estómago. Septiembre trae novedades a mi vida y las acepto con una sonrisa en los labios. Espero que me desees suerte.
Y después de toda esta perorata que te he soltado, te traigo una receta maravillosa que tienes que probar: un pastel de calabacín con un relleno que hará las delicias del comensal más exigente. Puedo decirte con total seguridad que es el mejor pastel salado que he hecho y comido en mi vida y mira que mi madre y mi tía Mercedes hacen unas quiches excelentes. Es distinto y merece la pena que te leas la receta y la pongas en práctica. No exagero. La textura es sublime, tanto la de la masa (receta de mi madre, insuperable y sin punto de comparación a las compradas en el super) como la del relleno. Serás la reina del mambo si llevas esta preciosidad a un picnic y la colocas sobre una mesa al aire libre. Incluso los antivegetales tendrán que felicitarte. ¿Que no me crees? Hazla y me cuentas.

Yo vi esta receta en Le Petit Chat Rose y ella en otro blog... Tú seguramente lo habrás visto en algún otro blog antes de recalar en Sano y de rechupete. Si es así, es una señal del universo que te grita: ¡¡¡Haz este pastel ya!!!!! He introducido algunas variaciones, tanto en la masa, como en el propio relleno. Tú puedes hacer lo mismo. 
Si no quieres hacer la masa, puedes usar una brisa comprada, pero te aseguro que te pierdes una parte importante de este pastel, pero siempre tienes esa opción.

Amig@ míos... Feliz retorno a casa. Feliz septiembre.

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