Pastel otoñal de castañas y naranja para celebrar los Finaos

Donde vivo no existen las estaciones climatológicas. Existen las que nos enseñan cuando vamos al colegio; las que están impresas en los manuales escolares: primavera, verano, otoño e invierno. Pero, éstas no se dan en la realidad. La naturaleza insular del territorio de las Islas Canarias aborrece los extremos y, aquí, en los lindes entre África y Europa, vivimos oscilando entre la primavera y el otoño. Hay quien lo considera un horror, como me pasa a mí muy a menudo; pero, siendo objetiva, he de reconocer que es una certeza empírica que el cuerpo humano experimenta su plenitud física entre los 22 y los 23ºC de temperatura. En consecuencia, en las Islas Canarias, y más concretamente en las zonas costeras de las Islas, se dan unas inmejorables condiciones climatológicas para que los envases de los seres humanos retocen a placer. ¿A que les ha correteado hormiguitas por el cuerpo...? 
Dado que no hay unos cambios térmicos importantes, decir que "ha llegado el otoño" puede ser hasta un chiste. Sin embargo, la mente (dejemos ahora los envases, los cuerpos) necesita el cambio para revitalizarse y es ahí donde entra en juego la propia voluntad. Pues bien; yo decidí que mi cambio de estación a efectos psicológicos sería cada 1 de noviembre. Y ya es casi 1 de noviembre.

En mi tierra, el 1 de noviembre es el Día de los Finaos. "Finao" o, más propiamente dicho, "finado", es muerto, cadáver, difunto, cuerpo yacente y sin vida. No es que sean finos estos muertos. No es eso. "Finado" podría venir del verbo intransitivo "finar", que significa morir o fallecer. Se trata de una palabra poco empleada en la actualidad, aparte de en el lenguaje literario o poético. Incluso en francés tenemos el verbo "finir", que significa acabar, terminar. Cosas de la raíz latina de ambas lenguas. Ergo, los finaos o finados son los que están "acabados", sin vida. ¿No me digan que no es una expresión preciosa y divertida? Nada que ver con el término "difunto", una definición triste y gris que, personalmente, no me gusta en absoluto. Además, ¿sabían que "difunto" viene de "defunctus" que antiguamente venía a definir a quienes ya no tenían funciones? Lo que vendría a ser hoy en día un jubilado. Al paso al que nos llevan los políticos que nos gobiernan, no es de extrañar que difunto y jubilado vuelvan a equipararse en un futuro no muy lejano. 

No voy a entrar en si prefiero Día de los Finaos (o Difuntos, para no pelearnos) o Halloween, porque creo que ambas fiestas rinden tributo a quienes nos precedieron y ya no están entre nosotros. Los Finaos o Difuntos desde una tradición cristiana y Halloween desde la de los celtas y sus druidas, un pueblo muy interesante y que sentía un profundo respeto por la Naturaleza. Halloween, no obstante, ha perdido sus raíces para adaptarse al mundo comercial y, por ello, supongo, está ganando terreno entre los más jóvenes. Que cada cual elija lo que le represente mejor, pero, aprovechemos y paremos unos segundos para rememorar a esas personas queridas que fallecieron. Por ellas...

Como este día 1 de noviembre marca un cambio de ciclo para mí, he querido celebrarlo preparando un dulce que aúna uno de los frutos silvestres más apreciados en Gran Canaria, especialmente para celebrar en familia o con amigos el Día de los Finaos: la castaña. Personalmente prefiero las castañas crudas o asadas, pero, como salí en plan recolectora y regresé con varios kg, pensé en preparar algo diferente. Y de mi horno salió esta golosina que espero les guste.
Es un queque o bizcocho algo denso y ciertamente húmedo y aromático. Muy otoñal y perfecto para un té caliente y humeante o un café fuerte y oscuro. La textura es muy curiosa, aparte de por los trocitos de castañas que vamos encontrando al masticar. Se acerca bastante a la que se consigue en los pasteles hechos con sémola y/o almendra. Ya me contarán si se deciden a hacerlo, porque no es nada complicado hacerlo.
No más retahílas. ¡Feliz Día de los Finaos!

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