Crema de verduras y castañas con aceite trufado

Es diciembre y huele a otoño. A castañas, a setas, a hojas secas y a tierra mojada y, como cada año y hasta que podamos hacerlo, Marc y yo hemos salido de recolecta. Cámara en ristre y predispuesta a atrapar pequeños retazos de paisajes, la pupila se dilataba a cada paso, a cada recodo del camino. 

Marc, nariz pegada al suelo y ojo de halcón, atento a cualquier textura y color distintos de lo visible at first sight. Yo, escudriñándolo todo, ansiosa por captar imágenes que llevarme en la cámara. 
Es muy placentero despertarse con la luz del alba y salir en busca de la aventura de la recolecta. Cuando encuentras la primera seta, el mundo se para y te embarga una alegría mayor que si te hubiera tocado la lotería. Por desgracia, aún, en Gran Canaria, las setas brillan por su ausencia, pero tenemos mucha paciencia, porque sabemos que en unas semanas esas hermosuras reventarán la superficie de la tierra y se dejarán ver. Y estaremos esperándolas con nuestro cuchillito, la brochita y una cesta de mimbre. Pero, mientras tanto, las castañas son una estupenda alternativa... ¿O no?
En las Medianías y Cumbres grancanarias el paisaje nos sorprende. Los castaños, nogales, almendros y pinos se yerguen entremezcándose con brezos, tomillares, jaras, helechas y retamas, destacando en una tierra ora roja ora negra por su origen volcánico. 

Click... click. La cámara parece que saca humo. La mañana está apacible. El cielo, completamente nublado y no hace frío, a pesar de que estamos en una zona por encima de los 1600 metros sobre el nivel del mar. En el bosque no se escucha más sonido que el crujir de las hojas secas bajo nuestros pies y algún erizo de castaña que cae al suelo. Se siente una quietud de lo más agradable. 
 
Los tonos dorados y marrones de las hojas son un regalo para la vista y, a menudo, esconden pequeños seres vivos que se agrupan abigarrados como buscando cobijo en la colectividad. La naturaleza es realmente bella incluso en su propia decadencia, ¿no les parece?
Tras una intensa mañana de paseo entre árboles, haciendo fotos y recogiendo castañas, llega el momento del regreso a casa. Apetece algo calentito, consistente pero suave... ¿Qué tal una deliciosa crema de verduras y castañas con aceite trufado?
Feliz domingo. Feliz diciembre.

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