Lumaconi con setas en salsa de ragú de ternera

Hoy les traigo una receta sencillísima y de las que nos ayudan a aprovechar restos de comidas anteriores. Quienes ya me conocen un poco saben que me encanta hacer comidas partiendo de comidas de días anteriores y es que de esta manera se ahorra, porque no tiramos nada, y se come con mucho más sabor. ¿No me creen...? Pues miren qué platazo.
Este plato tan fantástico es representativo del slow food por varias razones: las setas son recolectadas por nosotros mismos, el ragú de ternera se hace al chup chup para que concentre todos sus jugos y, la más importante, se hace para aprovechar una comida anterior. Premisas maravillosas para asegurarse una comida que nadie olvide y para ahorrarse unos eurillos, cosa que siempre viene bien y más últimamente. Y es que yo me pongo enferma cuando escucho que hay personas que tiran y tiran comida a la basura, porque... ¿La comida se tira? Por ética alimentaria y por la cantidad de personas que pasan un hambre atroz, pensemos dos veces antes de arrojar ningún alimento al cubo de la basura. ¿Me lo prometen...?
Cuando hablo de ragú o de estofado de ternera no estoy diciendo que sean la misma cosa exactamente. No lo son "exactamente", pero, como solemos hacer más estofado que ragú en nuestras casas, pues permítanse la licencia de usar cualquiera de las dos opciones. Yo les dejo mi guiso de ternera especiada y, si les gusta, lo usan y, si no, preparen el que más les guste a ustedes.

A modo didáctico, decirles que el ragú es el estofado italiano, aunque es más concentrado y, en ocasiones, más especiado. El ragú se prepara troceando bastante pequeña la verdura, dorándola primero, igual que los trozos de ternera, antes de añadir el caldo y dejar que todo cueza a fuego lento durante bastante tiempo. Aquí está el aspecto que menos me gusta a mí, aunque seguro que lo que voy a decir a ustedes les hace chirriar los dientes, pero he aquí la esencia de la cocina. A mi modo de ver, la cocina no es "una". La cocina es "personalizar" y adaptar cualquier cosa a las necesidades de cada casa. Yo detesto estar horas con un caldero al fuego, por lo que prefiero usar la olla a presión, porque hay un ahorro energético importante y porque prefiero comer este guiso o estofado al día siguiente. De este modo logro que el reposo transforme un buen estofado en un estupendo ragú. ¡Y sin despilfarro energético! Todos los sabores se han concentrado, ha espesado y el aroma es maravilloso. Que sí; que ya lo sé... Que los italianos me matarían y si algunas mammas y nonnas levantasen la cabeza... Me da igual. Yo cocino como quiero y como a mí me da resultado. Cada cual prioriza algo y, para mí, el ahorro energético es una prioridad y no cocinar como mandan los cánones. ¡Estamos ahora mismo como para obedecer tradiciones sin ponerlas en tela de juicio!
Hay quien trocea las setas. Se puede. ¿Por qué no? Pero miren esas cantarellas carnosas y enteritas... ¿No les parecen preciosas? Pues la sensación al meterla en la boca entera es inigualable. Si me preguntan si pueden hacer este plato con otra seta les diré que sí. La que prefieran, pero que tenga sabor y carnosidad. Creo que con boletus sería el no va más. Con níscalos... no sé; no me acaba de convencer por el sabor más terroso que éstos tienen. Pero seguro que ustedes conocen muchas más setas que yo y encuentran la manera de introducirlas en un plato como éste. Si se deciden, cuéntenme.
¿Hacen ustedes platos de aprovechamiento, reciclaje de platos anteriores...? ¿Me los cuentan?

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