Pastel mágico de chocolate y cerezas.

¡Cuánto tiempo sin subir un post! Estoy vaga y se nota, pero, aunque cocino y como, me apetecen cositas sencillas y rápidas que me permitan seguir con todo el tajo que tengo entre manos. Sin embargo, como en años anteriores, reaparezco para el cumpleaños de mi hermana (en junio) para esmerarme con su tarta. Y, como en años anteriores (ver la tarta mágica de chocolate), el chocolate y la magia vuelven a protagonizar el dulce que elijo para regalarle. En este caso vengo con una nueva versión de esa delicia oscura y suntuosa. ¿Quieres probarla?
En esta ocasión me he inspirado en la receta que Esther, de La cocina mágica, publicó para Directo al Paladar. Una receta sencilla, pero resultona y realmente deliciosa y en la que no hay trampa, ni cartón. ¡Sólo magia potagia! Además, me gusta también porque se puede comer sin cubiertos; con las manos. Eso sí, bien limpitas, por favor.

Esta receta pulula mucho la red y también se la he visto a Clemenvilla, de Bocados de cielo.
No soy una buena repostera. Supongo que, entre otras cosas, se debe a que no soy muy amante del dulce, pero el chocolate... El chocolate negro, oscuro y amargo es mi debilidad. Y la de mi hermana, a quien iba dirigido este pastel mágico. Nos gusta el buen chocolate. Se entiende, ¿verdad?

Preparar esta tarta es lo más sencillo del mundo. Si la hago yo, la puedes hacer tú, aunque tengas manos de plastilina y las manualidades culinarias no sean lo tuyo. Hazme caso. Tú puedes. A ver, repítelo conmigo: "Yo puedo hacer este pastel mágico". Y adornarlo es tan sencillo como colocarle una montaña de nata por encima y unos puñados de cerezas bien dulces y carnosas. Muy a lo Jamie Oliver: vaguete y facilón.
¿Lo ves...? No hay nada complicado en este pastel. Sólo unos pocos y buenos ingredientes, unos cacharritos para mezclar y batir, un molde, el horno y listo. 

Verás qué sencilla es la receta. Si no quieres copiarla, sólo tienes que descargarte la imagen y te la guardas en tu ordenador. O en la nube. Yo uso Dropbox; ¿y tú? 
Fíjate en el bocadito y en las capas que se aprecian. Pues salen solas al hornearse, porque la harina tiende a irse hacia abajo y los huevos se reúnen y conforman una especie de flan con un sabor peculiar. Eso hace que la textura de esta tarta sea así de curiosa: una parte es como una especie de dulce tipo flan, suave y blandito y la otra parte es casi como un bizcochito, entre tierno y crujiente. Pienso en ese bocado y salivo de pura gula.
Si después de vencer esos miedos que te impiden hacer lo que quieres hacer, te animas a hacerla, dímelo, mándame una fotillo del corte para que pueda verla y recordarla nuevamente. ¿Lo harás...? ¿Sí...?


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