Las setas de los bosques de Canarias y algunos consejos para salir al monte a recolectarlas

Sí, amig@s... En las Islas Canarias hay muchísimas variedades de setas, comestibles, no comestibles, incluso venenosas. Tanto es así que, este año, la experta y reconocida mundialmente Rose Marie Dähncke, vuelve por nuestras hermosas islas a organizar la Feria de las Setas, en esta ocasión en la Isla Bonita, la isla de La Palma (no confundir, por favor, con Las Palmas, capital provincial que reúne las islas de Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote; ni con Las Palmas de Gran Canaria, ciudad y capital de la isla de Gran Canaria; ni mucho menos con Palma de Mallorca, en Illes Balears).
En este post no tengo la intención de hacer un ensayo sobre las setas de los bosques canarios, más que nada porque no soy una experta, ni muchísimo menos. Soy una aficionada del montón. Simplemente me encanta el mundo de las setas, salir al monte a pasear, buscarlas, cocinarlas y comerlas. Para entendidos, mejor consulten sobre la Sociedad micológica de Gran Canaria, por ejemplo, la de la Isla de La Palma, las Setas en El Hierro o la web de la Sociedad Micológica de Tenerife

Lo que sí me gustaría comentar, no obstante, es que, cuando se sale a por setas, se deben extremar las precauciones. ¿Por qué digo esto? Porque, últimamente se están realizando multitud de pequeños cursos de iniciación al fascinante mundo de la micología y hay gente tan osada que con esos mínimos conocimientos sale a recolectar y lo peor de todo es que se las llevan a casa y las comen. ¡Esto es un peligro! No digo que vayan a morir por comer una seta no comestible, que puede pasar, pero pueden tener desde problemas gastrointestinales, daño y pérdida de órganos como el hígado hasta, como ya he señalado, el fallecimiento por la ingesta de una seta venenosa y mortal. 

Por favor, sean prudentes. Si no saben y quieren aprender, pidan a alguien que las conozca que les acompañe. Si tienen dudas respecto a un ejemplar, no lo cojan o, al menos, no lo coman.
En las Islas Canarias no sólo tenemos playas preciosas y sol asegurado todo el año, cosa que sucede normalmente en las zonas costeras. Debido a la orografía escarpada y abrupta del archipiélago, disfrutamos de maravillosos bosques en las medianías isleñas, entre los 600 y los 1500 metros de altitud sobre el nivel del mar; y en las cumbres, por encima de 1500 metros, donde existe monte bajo y coníferas. Como consecuencia, tenemos muchos y variados ecosistemas aptos para el desarrollo de toda clase de hongos: desde el bosque caducifolio de castaños, hasta el perenne de coníferas, dominado sobre todo por los fortísimos pinos canarios, de brezos, etc. Por tanto, en Canarias podemos encontrar muchísimas variedades de setas, desde níscalos, hasta rebozuelos, amanitas, boletus de muchos tipos, etc. 

La cesta que pueden ver más arriba, tan linda y variada, fue producto de la recolección de una mañanita de noviembre. Pueden ver boletus variados (edulis, aestivalis y pinícola), cantharellus cibarius o rebozuelos (de mis preferidas) y niscalos (lactarius deliciosus). También pueden ver castañas, alguna bellota y, entre todo lo comestible, alguna hierbita que suelo coger para decorar la casa y es que a mí me encanta el monte...
Cuando se sale al monte en busca de las codiciados hongos deberíamos ir pertrechados adecuadamente y es que el bosque debe ser respetado, porque es un ecosistema en sí mismo que debe protegerse y mimarse para asegurar su futuro y, en consecuencia, el nuestro. 

Entonces, ¿qué debemos llevar cuando salimos a recolectar setas? Lo más primordial para preservar que continúe habiendo setas en ese bosque es lo siguiente:
- un cesto de mimbre para permitir que las esporas vayan cayendo a través del mimbre a la tierra.
- una pequeña navajita o cuchillo para cortar el pie de los hongos y no tengamos que arrancarlas. La mía lleva incorporada una brochita para eliminar la tierra o las hojas adheridas al sombrero de la seta. Pija que es una...

Sin ser fundamental, se me antoja interesante, en cuanto a ropa... 
- botas que sujeten bien los tobillos y con buenas suelas que impidan que nos resbalemos. Mi marido se cayó una vez y se rompió el peroné, pero las botas de caña alta impidieron que el hueso se desplazase en la fractura hasta que pudimos llegar al hospital donde fue atendido.
- unos pantalones gruesos que evite arañazos y raspaduras con ramas de árboles, zarzas, etc.
- camiseta o camisa de algodón, de modo que, si sudamos, transpiremos correctamente y, si hace frío o humedad, nos proteja de éstos.
- un buen jersey tipo polar, que no pesa nada y abriga mucho.
- chubasquero (yo llevo uno enrollable que cabe en la propia cesta donde voy poniendo las setas).
- un bastón de senderismo para caminar y levantar alguna hojita, si hiciera falta y con mucho cuidado.
Magnífico ejemplar de boletus.
Seguramente hayamos visto alguna vez al típico bruto o irrespetuoso con el medio ambiente que sale a recolectar con una bolsa de plástico o incluso un balde o cubo de goma. ¡Eso no se debe hacer jamás! Si hacemos esta salvajada, sólo estaremos esquilmando el bosque e impidiendo la continuidad de los hongos. Tampoco debe rastrillarse la tierra, porque se destruye el micelio, la parte oculta de la seta y que interconecta el suelo, sus nutrientes y el bosque como ecosistema. ¿Sabían ustedes que el micelio puede extenderse cientos de kilómetros...? Sorprendente, pero cierto.

Si viésemos a algunas personas actuando de la manera referida en el párrafo anterior, sería bueno que le indicásemos el modo correcto de recolectar setas. Yo lo he hecho y, normalmente, no surte ningún efecto; incluso hay quien se molesta y se pone hecho una furia. En estos casos, mejor avisar a alguna autoridad forestal para que sean ellos quienes les recriminen su falta de civismo e incluso les impongan alguna sanción administrativa. 
Cantharellus cibarius o rebozuelos.
Salir al campo a recolectar setas es una actividad física y mental maravillosa. Por un lado, andas muy entretenida y concentrada en la tarea, por lo que la mente no está dándole vuelta a preocupaciones de la vida normal. Por otro lado, caminas bastante en llano, cuesta arriba o abajo, te agachas, te levantas, te estiras... Es decir, mueves prácticamente todo el cuerpo. ¡Y qué decir de la satisfacción de haber recolectado lo que te vas a comer! Quienes suelen realizar esta actividad saben bien de qué les hablo, pues es una sensación muy gratificante. Te sientes eufórica, plena, contentísima cuando llegas a casa con tu cesta llena de magníficos ejemplares.
Lactarius deliciosus o níscalos.
Una vez llegados a casa, toca una labor un poco puñetera: limpiar las setas una a una con una brochita o con un paño. No deberíamos meter las setas en agua, porque pierden gran parte de su sabor a bosque, a tierra, a naturaleza.

Por último, hay que ponerse a discurrir... ¿Cómo cocinarlas? En el próximo post, te contaré las recetas que preparo con las distintas clases de setas que recolectamos en nuestros preciosos bosques canarios. ¿Te interesa el tema? Puedes suscribirte para recibir cómodamente mis entradas en tu bandeja de correo electrónico. Puedes encontrar la caja de suscripción en la columna de la derecha.

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